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19 de marzo de 2014

Mami y freelance


Seguro que lo habréis notado últimamente. Y si no lo habéis notado, es que tengo superpoderes que desconocía.

Desde hace unos meses me está costando conciliar más que nunca mi vida laboral con la personal y llegar ya a cumplir con mi compromiso con el blog, al que adoro mimar, es casi como intentar hacer magia (de la buena, de la que hace Mary Poppins). Es curioso porque Teo cree que hago magia, suele decir cosas como "Papi, no fafe falta que laves mi teddy bear (osito), porque ahora viene mami y hace magia y ya está limpio! o "Yayá (abuela), mami hizo magia y un chuche se puso en mi bolsillo" o "Mami, haces magia y nos convertimos en kitties (gatitos)?". 

Pero la verdad es que no hago ningún tipo de magia, ojalá supiera cómo eso sí! Ser mamá de un niño pequeño y trabajar como freelance a veces es muy complicado. El no tener que ir a una oficina y trabajar desde casa es genial, luché durante años para poder vivir así pero, a diferencia de lo que muchos creen, trabajar desde casa no significa estar todo el día en pijama y tener un montón de tiempo libre, sino más bien tener que desarrollar sí o sí la voluntad férrea de no quedarte en pijama, arreglarte como si fueras a salir de casa y tener la disciplina de cumplir un horario y los compromisos diarios con los clientes. Además, el tiempo libre es más reducido porque cuando trabajas para ti, todo el tiempo es poco (las cuotas de autónomos no son nada económicas). Y añadir que antes de ponerte a trabajar, quieres ver la casa medio ordenada como la cama hecha, los platos del desayuno limpios, etc, porque si no, trabajas en medio de una jungla.

Siendo madre, cuidar de Teo es la prioridad máxima por lo que, en mi caso, durante dos años y tres meses, trabajé mientras él dormía (si, aún no me he recuperado de esa falta de sueño y cansancio). Desde entonces, va a una guardería todos los días sólo por las mañanas. Así que las tardes son completas para dedicarlas a él, jugar, correr y aprender. Y una vez, bañado, cenado y dormido, de vuelta al trabajo. 

Nunca he secundado eso de que las mujeres somos súper-mujeres por hacer todo lo que hacemos, pero si cojo un papel y un lápiz y enumero las cosas de las que me ocupo, como la mayoría de las mujeres... wow… asusta. La casa, el peque, la pareja, el trabajo, extras a montones, tratar de tener algo de vida social (algo!) e intentar seguir pareciendo una mujer aseada y cuidada, no es sencillo.

Afortunadamente, lo que me lleva a no tener tiempo es la cantidad de trabajo, y eso es muy buena noticia se mire por donde se mire. Pero me estoy volviendo un poco loquita queriendo hacerlo todo y no puedo seguir así. Por eso, estoy trazando un plan y buscando soluciones, que pasan por ampliar equipo -está claro- y algo más. 

Voy a tomarme dos semanitas con el blog en off para poder organizarlo todo y volver con la tarea hecha. Espero que volváis entonces a visitarme. Sin vosotros, este blog no tiene sentido. Muchísimas gracias por comprender.

Os echaré de menos y tendré mono de blog, seguro. Hasta dentro de dos semanas.

Carol


12 de febrero de 2014

Miércoles Mudo: Las mejores gafas de cumpleañero


6 de febrero de 2014

De spa feliz con Teo


No suelo hablar aquí de los proyectos profesionales en los que ando metida, (a excepción de OhBlog), pero hoy voy a hablar de uno, porque en los últimos meses he tenido la suerte de conocer gente muy especial y de recibir propuestas muy bonitas. 

Ayer estrenamos colaboración con Suavinex, la marca de los chupetes más lindos del mundo, concretamente con El Club de las Madres Felices, que es el blog de la marca. Sí, se que el nombre suena un poco ñoño, pero todo tiene su porqué. Como madre debo decir que, cuando Teo aún usaba chupete, desde bebé siempre le compré los Suavinex, porque son las golosinas de la farmacia, literalmente. Soy consciente de que la culpa de que Teo tuviera no una sino ocho chupitas (ya sabéis que las llamamos así) es toda mía. Me encantaba buscar dibujos nuevos entre el expositor cuando iba a comprar paracetamol para Juan o cualquiera de mis botes de homeopatía. Y ese momento, incluso cansada de no dormir por la noche, de no parar ni un minuto durante el día y de, bueno, lo que la nueva maternidad supone para cualquiera, me hacía feliz. Darle esa "golosina" preciosa a mi bebé, me hacía feliz. Y nadie me ha pagado para que diga esto, es algo que quería contar, que las chupitas Suavinex han sido parte importante y muy presente de nuestra etapa mami-bebé.

Pues mira por dónde, quién me iba a decir que un día esa misma marca iba a pensar que mi blog era tan bonito para ellos como para mi sus productos, y me enviarían la recién estrenada colección textil para que elaborara un proyecto visual bien chulo para ellos. Nada más ver la toalla me dije: una tarde de spa con Teo y su amigo Leon. Sin duda!


A Teo le preparo de vez en cuando una sesión de baño especial, distinta de la de todos los días, con muchas burbujas, aún más juguetes, masaje de pies, cosquillas suaves por la espalda… En esta ocasión, a todo eso, añadimos confetti (yay!!) y llamamos a Leon, el hijo de mi amiga Sara, para convertirla en una tarde aún mejor.

Podéis ver el resultado completo del post aquí. ¿Qué os parece la idea de un peque-spa? Ok, lo confieso, yo también me meto en la bañera muchas de esas veces. Confetti+ burbujas, es demasiado genial para no formar parte!


4 de febrero de 2014

Feliz cumpleaños, corazoncito.


Hace 3 años que Teo llegó a nuestras vidas. Ya son tres años de crecer, aprender, amar, jugar, reír, sentirse realmente bien. Estoy hablando de mi, no de él. 

Dicen que los niños crecen rápido, que dura tan poco la época buena en la que todo es maravilloso. No se si estoy de acuerdo; sí que crecen rápido, aunque el día a día está tan lleno, tan lleno de experiencias que parecen más años. Pero lo de que dura poco… ya son tres años rebosantes de alegría, y no veo el final cerca.

Feliz cumpleaños, mi pequeño Teo. Eres nuestra luz, tú haces que queramos ser mejores personas cada día. Te queremos con toda la intensidad que permiten nuestros corazones (y es muuuchaaa!!).


(Foto de Teo antes de salir a correr con papi, cogiendo fuerzas!).

22 de enero de 2014

Fiesta de pijamas de mamis y niños? Yes, please!


Ayer leí en el blog de Joanna un post con una ideal genial!! Y no dejo de pensar en ello. Joanna se juntó hace unos días con dos amigas y los hijos de todas en casa de una de ellas para hacer fiesta de pijama de mami y niños. Oooooh, me encanta la idea! Me gustaría hacer lo mismo, y se me ocurre que prepararíamos una cena sencilla entre todos, sesión de spa para niños con burbujas y masaje de pies incluído, cantar y bailar, cenar, cuentos y juegos de sombras en la pared y a dormir. Luego, un poco de charla de chicas para las mamis copa de vino blanco mediante, y a dormir, que seguro que los peques no nos dejarían pegar ojo en toda la noche. Pero como dice Jo, seguro que merece la pena.

Planazo. ¿Quién se apunta?


(En la imagen, colgador de pared Goodnight de Anthropologie)

15 de enero de 2014

La historia de cómo dejó Teo su chupete


Tengo que irme de viaje, otra vez. Es lo que tiene el trabajo, lo se, es lo que toca pero, en vez de llevarlo cada vez mejor, creo que lo llevo cada vez peor. Y Teo seguro que se pone otra vez rarito o triste. Espero que no llore cuando me vaya, y me sabe fatal no poder decirle toda la verdad, que me voy cuatro días, que en cuanto termine la última reunión, vuelvo pitando y que lo entienda, lo asimile y lo acepte. En vez de eso, por consejo de todos que ni siquiera estoy segura si debo seguir, le cuento -o mejor dicho, dejo que le cuenten- la milonga de que voy a hacer unos recados y vuelvo enseguida…

Ya en la puerta del ascensor despidiéndome de él en brazos de su abuela, una chispa prende en mi cabeza y le digo que esta vez voy a ver a Santa Claus al Polo Norte, a comprobar si le está fabricando la bicicleta azul que él le ha pedido por Navidad. Es septiembre aún pero, bueno, ya debería estar en ello si quiere tener todo acabado para cuando lleguen las fiestas. De repente, se le cambia la cara, no llora, me da un beso y queda conforme. 

Mientras estuve fuera no lloró ni preguntó por mi con melancolía. En vez de eso, pasó los días informando a todos de mi particular viaje. 

Pocos después de mi vuelta, escribimos una carta a Santa Claus enviándole besitos y dándole las gracias por estar trabajando duro en su bici, y de paso recordarle que había sido muy bueno y que quería una cosita más. Es decir, que escribimos la carta en toda regla.

A partir de aquí, cuando salía el tema de Papá Noel, aprovechamos para informarle de que cuando viniera a traerle los juguetes, él debía entregarle su chupita (el chupete) a cambio, para demostrarle que era grande como para recibir una bicicleta, y que además Papá Noel sabría bien qué hacer con ella. Idea de Juan, por supuesto, porque si hubiéramos esperado a que a mi no me diera pena que mi ya-no-tan-bebé deje de ser bebé, pues igual cumple antes los ocho años… Grr.


Vinieron más viajes y el recurso de la visita al Polo Norte continuó funcionando. También seguimos hablando con bastante frecuencia de entregar la chupita a cambio de los regalos. Él no parecía querer darle mucho crédito a esto, y si comentaba algo al respecto era, por supuesto, que no le iba a dar la chupita. No, no, no. Su tesoro más preciado no era para regalarlo a un señor cualquiera que no había visto sino una vez, el año anterior, cuando aún no entendía qué era la Navidad ni todo ese jaleo que se formaba alrededor de ella. 

Así seguimos hasta que acabaron los viajes y llegaron las fiestas. Teníamos serias dudas por no decir todas las dudas y más acerca de si Teo sería capaz de dejar el chupete, por lo que intentamos prepararnos mentalmente de que tras la visita de Papá Noel, vendrían unos días -o quién sabe si semanas- muy duros.

La noche del 24 de diciembre guardamos en un armario todas sus chupitas; la mañana del 25, justo antes de que se despertara, retiramos de su cama la última. Juan lo hizo (otra vez él, si).

Al levantarse, lo distrajimos enseguida antes de que la mencionara con preguntas acerca de si Papá Noel habría pasado por nuestra casa, bla bla. No sirvió de nada. No encontraba su chupita en la cama. "¿Y mi chupita, mami? ¿Dónde está mi chupita?". Juan rápidamente respondió: "aaah! Teo!! Tu chupita no está aquí! ¿Será entonces que ha venido Papá Noel y te ha dejado los regalos que pedías?".

Nos dirigimos hacia el árbol y allí estaban la bicicleta y algunas sorpresas más. La ilusión taponó cualquier posibilidad de pensar en la chupita. Pasaron varias horas hasta que volvió a preguntar por ella. En ningún momento queríamos que Teo pensara que Santa Claus era el hombre barbudo robachupitas, por lo que le dijimos: "cariño, tu chupita ya no está aquí, ¿recuerdas? Se la llevó Papá Noel para dársela a los bebés chiquititos que la necesitan. Y tú ahora eres tan grande que tienes una bicicleta azul!!!".


Hoy es día 15 de Enero y sólo podemos decir que, una vez más, nuestro hijo nos ha dado una lección. No hemos tenido ningún problema a la hora de dormirlo sin chupita; no ha llorado por su chupita ni una sola vez; la menciona en muy contadas ocasiones y, tras explicarle exactamente lo mismo que he descrito unas líneas más arriba, queda convencido y continúa haciendo lo que esté haciendo.

Somos los padres los que generamos los miedos y las inseguridades, los que nos hacemos unos castillos absurdos de problemas que vamos/van a tener. Son más prácticos y listos que nosotros. No hay duda.

Hace unos días, tranquilamente, nos informó de que iba a devolver los juguetes a los Reyes Magos y a Papá Noel, porque él no quería juguetes, él quería su chupita. Se lo dijo a su abuela, me lo dijo a mi dos días más tarde y se lo dijo a su padre ayer. Todos le hemos contestado que "ok, amor, hablaremos con ellos el año que viene a ver qué opinan, pero ya sabes que la tiene un bebé al que le hace mucha más falta que a ti", y otra vez, sosegadamente, vuelve a sus quehaceres.

He dejado de cruzar los dedos para que no retroceda en este camino y lo pase mal por la chupita. Confío en él y en su templanza porque me ha demostrado que es mucho más perspicaz y maduro de lo que creímos que sería. 

Cuánto vales y cuánto nos enseñas tú a nosotros, Teo bonito.


5 de enero de 2014

Ellos son los Reyes


Desde el exilio blogueril (traducción: vacaciones forzadas -y deseadas- con Teo sin guarde), sólo quería desearos una Feliz Noche de Reyes. El mejor plan para este día, si tenemos la oportunidad, seguro que es pasar un buen rato con uno o más "bajitos", porque esas caras de pasmo y esa enorme ilusión contenida disfrazada de nervios e histeria a ratos, no tienen competencia. Y es una fracción tan pequeña de sus vidas, que ser testigos de ella es un auténtico lujo.

Hasta muy, muy pronto. Besos,

Carol


(Foto au naturel de Teo pescando en su propio mundo ayer por la mañana)

26 de noviembre de 2013

Descubriendo de qué va esto de vivir


Si alguien me pregunta qué es lo mejor de ser una mamá, sin duda tengo dos respuestas:

. La cantidad de amor que puedo dar.
. Tener el privilegio de recordar qué se siente al descubrir el fabuloso mundo en el que nos ha tocado vivir, lleno de posibilidades, sensaciones y experiencias únicas.

Encontré este vídeo de un pequeño surfer de dos años (!!). No os perdáis su apoteósica carita cuando surfea una ola por primera vez él solo.



Justo a eso me refería.


(Foto original de arriba de este artículo que tenéis que ver, porque estos dos duermen siempre la siesta juntos. El perrito espera al bebé cada día!)

7 de noviembre de 2013

Volando hacia Madrid


Anoche llegué a Madrid. Este sábado impartimos la primera edición del workshop OhBlog (yiiih!), así que tocaba venir un par de días antes para revisar que todo esté preparado y en su sitio. Y- sorpresa!-parece que no hay sorpresas, al menos de momento. Qué organizadita soy, a veces hasta me sorprendo. 

Honestamente, creo que ser madre es lo que me ha hecho así. Gracias Teo por hacer desaparecer el caos de mi cerebro o, al menos, sustituirlo por otros (caosss en plural) más llevaderos.

Separarme de Teo es lo que no llevo bien de estos viajes. Supongo que como cualquier madre -o mala madre-, agradezco unos días para mi pero, bueno, trabajar, por mucho que adore este trabajo, no son vacaciones y, haga lo que haga, echo de menos al bajito. Ayer, en el vuelo, tuve la suerte de sentarme junto a un niño de dos años y medio. No podía quitarle los ojos de encima, me fascinaba comprobar que la evolución física y psicológica que experimentamos las personas es un patrón asombroso en el que, salvando las pinceladas de diferentes colores que cada individuo aportamos, es uno fijo, cerrado y testado. Román, mi compañero de viaje, hablaba tanto como Teo (es decir, todo el rato y sólo parando para coger aire), tenía casi las mismas expresiones, el mismo timbre de voz, la misma mirada abierta, limpia, mágica y se embelesaba ante los mismos juegos y preguntas que comparto con Teo a diario.

Yo no sentí "la llamada" para convertirme en madre; no conocí ese instinto maternal hasta que mi hijo estuvo en mis brazos; no supe lo que significaba ser madre hasta que él me enseñó. Ahora, sólo puedo decir, no hay nada más hermoso y no hay privilegio mayor que tener la oportunidad de observar a un niño dejando de ser bebé, descubriendo deslumbrado este mundo extraordinario que parecemos haber olvidado que lo es.


(Ilustración Liekeland)

30 de octubre de 2013

Miércoles Mudo: Tras 8 días lejos, da gusto volver a casa





23 de octubre de 2013

Oh! Ya estoy


Esta semana está siendo rara, a veces melancólica, agotadora, pero también excitante porque tengo una noticia muy chula.

Teo se recupero de su catarro, y me puse a preparar este viaje en el que estoy metida ahora mismo. Ando por Barcelona, alguna reunión y un trastero que dejamos lleno con parte de nuestra vida me esperaban desde hacía semanas, y no podía dejarlo más. Tras vender o regalar algunas de nuestras pertenencias más útiles y deshacernos de cosas que no hemos echado de menos durante estos meses, es fascinante pararme a observar cómo se pueden reducir doce años de una vida a quince cajas. Extraño. Anoche, me veía a mí misma, ahí de pie, mirando fijamente los paquetes envueltos en papel craft, rememorando mis años de universidad, noches sin parar de bailar con amigos, peleas de novios, paseos bajo la lluvia torrencial de esta ciudad, subidas y caídas con sus lágrimas correspondientes de alegría o pena, descubriendo rincones tras años viviendo aquí, dejar de ser una niña, comprometiéndome con Juan, convirtiéndome en madre, un Teo muy bebé boca arriba sobre la alfombra aporreando muñequitos colgantes con sus pequeñas manitas regordetas, charlas con nuestros vecinos que nos convirtieron en familia casi sin darnos cuenta, un accidente de coche en el que bajó una estrella del cielo para que no pasara nada, viajes sorpresa, decenas de perritos calientes sobre una mesa en el segundo cumpleaños de Teo, confidencias con la mejor amiga que se puede tener, despedidas, cerrando una puerta blanca y dando la vuelta a la cerradura por última vez...

Eso y más, al parecer, cabe en quince cajas.

9 de octubre de 2013

Semana en PAUSE


Habréis notado que esta semana no estoy publicando nada. La razón es que Teo está malito, y cuidar de él y sus toneladas de mimo más que justificadas se lleva el tiempo que me quedaba para el blog.

Cuando se pone enfermo, no lo llevo nada bien: no duermo, pendiente de si él puede dormir; se me encoge el corazón al ver esas ojeras en una carita tan pequeña; también cuando por su propio pie se tumba en el sofá y se cubre con una manta; o cuando rechaza un plato de patatas recién fritas. Obviamente, sólo un malestar muy grande puede anular el deseo de patatas fritas

Por otro lado, pasamos más tiempo juntos, y podemos poner en marcha proyectos importantes como "hassé una cosita para Papanoee", como él dice. Esta semana, en algún momento, supo que quería hacerle un regalo a Papá Noel, porque le hemos dicho que, parece ser que éste le está construyendo una bici para traérsela en Navidad. Lo supimos cuando mami ("moi"), en uno de sus viajes (de trabajo), resulta que fue a ver a Santa Claus para chequear cómo iba el proceso por allá arriba y comprobar si le estaban haciendo a Teo la bissi assul que él dice que le están haciendo. Así que una cosita terminó siendo un dibujo que hicimos juntos digitalmente -que hay que ver cómo maneja este niño- y una carta, todo en el mismo papel. 

Espero que mejore pronto. Nos vemos entonces! Mientras, seguimos pintando.

Besos,

Carol

1 de octubre de 2013

24 de septiembre de 2013

Hermanos y hermanas


Creo que fue hace un año más o menos, mis cuñados, Juan y yo charlábamos en la terraza de mis suegros sobre algo muy interesante...

17 de septiembre de 2013

Sin lágrimas en el embarazo



De la novela Epilogue, de Anne Roiphe, recuerdo un párrafo en particular donde hablaba de lo sencillo que le había sido siempre llorar con emociones sencillas. Un anuncio en el que un niño corría a los brazos de su padre, los finales felices de las películas o uno triste era suficiente para que las lágrimas acudieran a sus ojos. Sin embargo, cuando a su marido se le detuvo el corazón y falleció, eso también paró; ya no podía llorar. Su conclusión, entonces, fue que brotaban cuando la situación que las atraía era ficticia. Pero cuando se trata de una absoluta realidad, el organismo que conecta corazón, cerebro y lágrimas se bloquea; no fluye.

Yo también soy de las que lloran con los finales tristes y felices. Romántica, emocional, sensible y todos los adjetivos que casan con esos a los que el sentimiento les pierde, me quedan como un guante. Pero, curiosamente, cuando estaba embarazada, fui al cine con mi amiga a ver Mother and Child, un verdadero drama con el que no derramé ni una lágrima. Ella, sin embargo, agotó sus pañuelos y los míos. Qué raro, pensé entonces. Y no fui la única, mi amiga también estaba perpleja.

Realmente no era que no sintiera nada al ver aquellas escenas, no es que no me pusieran tristes; supongo que sí, pero me sentía algo anestesiada frente al drama. Una vez nació Teo, todo volvió a lo de antes, diría que peor. Ahora me emociono incluso más fácilmente, hasta el punto de sentirme ridícula en ocasiones. Teo consiguiendo construir una frase; un desayuno en familia con música de fondo; un beso robado; un final feliz; uno triste; una vista bonita; el agradecimiento de otra persona; varios puestos de flores juntos. No todos me llevan hasta las lágrimas, pero sí me conmueven; y la lista es mucho más larga.

La capacidad de emocionarme, me hace sentir viva. El instante de emocionarme, limpia mi alma. Sí, un torrente de agua a presión que arrastra las preocupaciones y los absurdos, propios del hecho de ser humana.



Si Anne Roiphe cerró compuertas cuando perdió a su marido, y yo cerré las mías cuando esperaba a Teo, me preguntó cuál es la relación. Una por vacío, otra por lo contrario. ¿Tal vez un shock imperceptible de saber, sin saberlo, que ya nunca más seríamos la misma persona que éramos hasta entonces?

¿Qué se os ocurre a vosotros/as? Me intriga esta conversación. ¿Os ha pasado alguna vez esto de quedaros sin lágrimas? 



(Imágenes originales via Pinterest de Attie y de Amanda)

19 de junio de 2013

Just a mum: La infancia que recordarán nuestros hijos


"HOY es la infancia que nuestros hijos recordarán mañana"

Jugar con él sin mirar el reloj.
Hacerle cosquillas donde más risa le causa.
Construir un avión imaginario en el que volar juntos o un autobús con un bote de jabón.
Escucharle atentamente y aprender su idioma.
Tomarme con calma la hora del baño y deleitarme, como él, ante la belleza única de las pompas de jabón.
Oler su pelo mientras duerme.
Descubrir un mundo nuevo cada día.
Descubrirme a mí misma a través de todo lo que él me enseña.
Ahuyentar sus miedos con un abrazo más firme que un escudo.
Aprender a convertir en una sonrisa las lágrimas que resbalan por sus mejillas.
Ser consciente de que estar tan unidos ocurre hoy, y no se cuánto tiempo durará el hoy.
Notar su manita rodeando mi cuello mientras, llevándolo en brazos, charlamos de nuestras cosas al pasear...

... son algunos de los privilegios de mi lista. Ser su madre es un privilegio de verdad y, aunque soy primeriza sé, y siento muy profundamente, que estos años no volverán; ni para él, ni para mi.


(Print de MCPlusDeval via Etsy)

5 de junio de 2013

Cuántos hijos es lo correcto


Dos años y cuatro meses cumple Teo esta semana. Tengo la impresión que desde que el primer hijo cumple dos años, o anda cerca de cumplirlos, comienza una nueva ronda de preguntas y opiniones, como aquellas que se padecen antes del embarazo- ¿No piensas tener hijos? Se te va a pasar el arroz. Mejor tener los niños de joven-, durante el embarazo- Tú no comas de eso que no te va a sentar bien. No te quejes tanto de la espalda que estar embarazada no es estar enferma. ¿Que vas a llevar al bebé siempre enrollado en ese fular? Verás tu espalda entonces! Aprovecha para ir al cine ahora que no sabes la que se te viene encima. Qué bien hiciste en quedarte embarazada ya, que los jóvenes no quieren responsabilidades y se les va a pasar el arroz-, y una vez nacido- ¿Que no lo vas a bautizar? Siendo vegetariana, con razón estás cansada. Debes dejarlo llorar para que se le abran los pulmones. Pero, ¿en esa cosa (mochila) no se asfixia? El mío duerme como un ángel desde el primer día, ¡y toda la noche del tirón! Nada, en un añito, otro. No lo dejes, que se te pasa el arroz.

La secuencia que toca ahora suena más o menos así:

30 de mayo de 2013

Aquí los únicos que sueñan son los angelitos esos


Vale, Teo es un ángel. Eso dicen todos. Es generoso, dulce, gracioso, ocurrente, cariñoso, paciente, independiente y, según mi madre, el único niño del mundo que come arroz hervido con zanahoria hervida sin rechistar tras pasar dos días con vómitos. Esto me hace recordar el único libro que leí durante el embarazo, El Secreto de tener bebés tranquilos y felices- que compré porque tras leer el título oí una voz en mi cabeza que respondía "sí, por favor"- donde la autora, experta comadrona y la Supernanny original, catalogaba a los bebés en varios tipos, entre ellos el bebé susceptible, el tranquilo y el angelito. Mi cuñada decía "Teo es el angelito, estoy segura: angelito". Yo quería creer que sí pero tampoco conocía más bebés, ni susceptibles, ni demonietes, ni ningún otro, así que suponía que llevaban razón, aunque el reflejo que me devolvía el espejo cada mañana indicara lo contrario.

Ahora con dos años creo que sí puedo asegurar que es el angelito del que apuntaba maneras desde tan bebé, como decía en la primera línea. 

PERO...

29 de mayo de 2013

¡Hola Madresfera!


No se si habréis notado ese icono nuevo que luce en la columna de la derecha. Desde la semana pasada pertenezco a la plataforma Madresfera, donde se reúnen (palabras de ellos, no es que me crea tan chachi) los mejores blogs en castellano de padres y madres. Si no lo conocéis y estáis en esta aventura de ser padres, seguro que os merece la pena pasar por allí porque es probable que encontréis más de un blog acorde con vuestras ideas y sentido común en cuanto a crianza y educación, y sea de mucha ayuda.

Ayer, para mi suerte, escribieron la segunda parte de un post en el que presentaron a todos los blogs que nos hemos unido últimamente. Yay! ¿Creéis que gustará el mío y lo conocerán aún más mamis a las que les guste pasarse por aquí y vernos a Teo y a mi haciendo cosas de cartón y leer mis reflexiones súper-mega-profundas? Ay, ojalá! Me encanta que esta comunidad bloguetosa sea cada vez más grande. Es como tener un grupo de amigos muy afines que crece sin cesar. Muy reconfortante.

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