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21 de noviembre de 2013

Miércoles Mudo: Dando de comer a mantas como si fueran gatitos


27 de septiembre de 2013

Olas de otoño



Aquí donde vivo, cada Septiembre las mareas se vuelven bravas, llenas y espumosas. Las olas son tan altas que a veces atraviesan toda la superficie de las piscinas naturales y llegan hasta los muros donde los bañistas nos solemos recostar en busca de rayos del sol. Es impresionante, un espectáculo que merece la pena ser visto. 

Por las mañanas, tras dejar a Teo en la guardería, en mi paseo de vuelta me gusta pasar junto a las piscinas naturales y mojarme los pies unos minutos, caminar por el borde, oler el mar. Hoy, que fuimos Juan y yo a acompañarlo, a la vuelta nos acercamos al faro porque las olas rompían salvajes y su fuerza nos atrajo hasta el bordillo, donde el faro deja de ser faro y el mar toma su territorio.





Sí, me mojé. 
Grabé unos cuantos vídeos. Precioso. Qué regalos nos hace la naturaleza!

Que tengáis un gran fin de semana. Hasta el lunes.

29 de agosto de 2013

Breves historias de un paréntesis: Luciérnagas

Breves historias de un paréntesis es una serie que comencé hace un par de meses, decidiéndome a compartir por fin algunas de las historias que escribo en mis cuadernos. Éstas, concretamente, narran momentos sencillos del inciso geográfico que estamos viviendo.


Hace dos noches, salía de casa a tirar la basura. Oí la puerta cerrarse tras de mi mientras subía los peldaños que llevan a la acera de baldosas grises y blancas. Tras depositar la bolsa, volví sobre mis pasos.

Del restaurante de enfrente llegaron unas notas de jazz a mis oídos; miré en esa dirección, distinguí bombillas cálidas y murmullo de clientes. Sin pensarlo dirigí mis pasos hacia allá, crucé la calle y entré. Supongo que sólo quería escuchar la música mejor, o sentirme reconfortada, elegante y como recién duchada, que es como siempre me hace sentir el jazz. 

Según me acercaba, sumé la ilusión de dar un beso a la cocinera, una dama maravillosa con una de las sonrisas más dulces que conozco. 

Tras unos pocos minutos allí, supe que debía volver a casa. 

Mientras recorría los pocos metros que me separaban del portal, la brisa nocturna revolvió mi pelo y me trajo el olor del mar. 

En el ascensor, miré el brillo de mis ojos en el espejo. Sonreí e imaginé luciérnagas revoloteando a mi alrededor. "Escribiré sobre esto", me dije.

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Las cosas corrientes me parecen siempre las más hermosas. Sé que si miro lo suficientemente cerca, las luciérnagas están ahí, en momentos cotidianos, convirtiéndolos en mágicos. 




Muchas gracias por leer mis relatos. Si os apetece, podéis leer otros que he publicado para esta serie aquí.

(Foto de una gaviota volando sobre mi cabeza al atardecer, y de los botes de cristal con velas de te con los que iluminamos las noches en nuestra terraza).

21 de agosto de 2013

Miércoles Mudo: Feliz cumple, mi amor


No tan mudo... Aunque la belleza de tu corazón y tu alegría en todo lo que te propones, con Teo, conmigo, incluso tú solo, sí me deja muda.

Que tengas el día más bello (y un año aún mejor). Te queremos mucho. 


2 de agosto de 2013

Dosis de summer


Una puesta de sol desde casa y una preciosa canción para disfrutarla.



Feliz fin de semana. Espero, de verdad, que tengáis uno increíble.


P.D: Conocéis el fenómeno Supermoon que ocurre una vez al año? Este año sucedió el 23 de junio.

20 de junio de 2013

Breves historias de un paréntesis: Rugidos

Breves historias de un paréntesis es una serie que comencé hace unas semanas, decidiéndome a compartir por fin algunas de las historias que escribo en mi cuaderno (cuando imagino que soy escritora) y que narran momentos sencillos de este inciso geográfico que estamos viviendo durante unos meses.



Giro la llave cambiando un rugido por otro.
El león urbano, insensible, escudo humano y veloz, calla. Se acomoda por fin en el sosiego, la quietud, sin brío, ni giros, ni destellos. Se despide de mi, dejando caer sus excitantes párpados. Pero permanezco dentro, en silencio, atenta.

Un rugido por otro.
Otro me envuelve; a mi; a todos.
Rugido azul ondea impetuoso, imparable, jamás enmudece, jamás descansa. Ruge a un compás y baila con el viento, va, viene, va, viene...
Lo anima a invitar a bailar a quién dejó de rugir hace unos segundos pero, como duerme, decide entonces acunarlo. Sutilmente, a un lado, al otro, mece al escudo humano. 
Y yo en su interior aún, en sus pulmones, respirando brisa salada mientras me arrulla el aire al son del bramido... que va y que viene.



Muchas gracias por leer. Me encantaría que dejarais vuestras opiniones, sean buenas, malas, salvajes... Me ayudaría a tener perspectiva y averiguar si sirvo un poco para esto o si debería seguir escribiendo mis historias nada más que en mi cuaderno (¡!).

Si os apetece, podéis leer el resto de relatos cortos que he publicado en esta serie aquí.


(Foto sin filtro de Teo y su moto junto a la piscina de agua de mar para niños que está debajo de casa y en la que se mete cada vez que me despisto)

24 de mayo de 2013

Breves historias de un paréntesis: Diminuta, diminuta.


Diez dedos en línea recta sobre vetas irregulares. Eso veo. Eso miro. 
Un hilo de luz tiñe de azafrán todo lo que roza a su paso. Es lo que me despierta y, al fin, levanta mi mirada, alejándola del suelo y dirigiéndola hacia el mar. Sé que habita tras la cortina, lo escucho. ¿Se esconde él de mi o yo de él? Al tiempo que desdoblo mis rodillas, extiendo un brazo para acabar con mi refugio de un tirón, que lo lía en el techo. Ahí está, nocturno, plateado, en calma, queriendo susurrar en vez de rugir, que aún es temprano y todos duermen. 
Lo miro de frente con la humildad de quien se sabe inferior y, justo antes de darle los buenos días, advierto que no estamos solos: dos cenefas, una más violácea que la otra azul oscura, casi invisible a unos ojos que buscan desvelarse, tan inmensas que menguo. Aún más. Me convierto en un diminuto insecto que todo lo ve, no me creo mi fortuna, tanta suerte por ver pasar a mi lado a una pareja de cangrejos gigantes, negros como la roca que pisan; por palpar la espuma que empapa mi insignificante cuerpo con cierta brusquedad; por esas gaviotas mudas alternando entre las nubes que desde aquí abajo semejan revoltosos mosquitos...
Oh, he perdido la noción del tiempo, la marea sube, no se detiene, me alcanza... Una masa de agua inmensa está a punto de arrollarme, lo se, la veo aproximarse desde el horizonte con elegante velocidad. Visualizo mi futuro inmediato... 

Cierro lo ojos.
Relajo todos los músculos. 
 Asumo mi destino.



Como siempre, muchas gracias por leer y por vuestros comentarios de apoyo. Breves historias de un paréntesis es una nueva serie que comencé hace unas semanas, decidiéndome a compartir por fin algunas de las historias que escribo en mi cuaderno, y que narran momentos sencillos de este inciso geográfico que estamos viviendo durante unos meses. Podéis leer el resto de relatos cortos que he publicado aquí


(Fotos de una tarde habitual: las olas rompiendo bruscamente contra el cada vez más pequeño y destrozado dique)

14 de mayo de 2013

A mami le molesta el sol


Una de las mayores ventajas de vivir en una isla de clima tropical son las infinitas horas de sol. Las temperaturas tan agradables nos permiten a Teo y a mi estar al aire libre todo lo que queramos. A veces nos pasamos fuera el día completo, y cuando no, si estamos de paseo o en la playa y llega la hora de subir a comer o a dormir la siesta, nos sentimos tentados de saltarnos todo y seguir jugando y disfrutando de esta milagrosa naturaleza. Desde largo tiempo fui defensora de que no es el lugar lo que te hace sentir mejor o peor; es una misma la que debe aprender a sentirse bien desde dentro, porque eso es lo que posibilita encontrarse bien en cualquier lugar. Pero, oye, todo hay que decirlo: vivir en lo que muchos conocen como paraíso ¡ayuda!

Como treintañera y madre a tiempo completo expuesta también a tiempo completo a las virtudes de Mr. Sun (como Teo y yo llamamos al sol- Lorenzo nunca me terminó de convencer...), he tenido que incorporar un par de detalles a mi rutina de cuidados cosméticos. Hace años que no salgo a la calle sin protección solar +50, incluso en invierno y especialmente desde el embarazo. Haber nacido en una isla afortunada también tiene sus desventajas, pues algunos estudios dicen que los canarios cogemos el sol que se debe tomar a lo largo de toda la vida en nuestros primeros diez años :O Creo que fue el día que leí esto cuando compré mi primer bote de 50+. Pero ahora no sólo debo aplicar crema en el rostro, sino también en el cuerpo, y es que a la semana de llegar aquí, vi el reflejo de mi espalda en el espejo de la puerta del armario, y no reconocí a esa mujer de tono caribeño! Más o menos así pero sin el cuerpazo ni la pose súper estilosa.

La otra cosa son las gafas de sol. Me gustan, pero nunca las he usado mucho, sólo algunas veces porque como complemento pueden quedar genial y las hay preciosas. Pero aquí se hacen im-pres-cin-di-bles. Mis favoritas siempre han sido las gafas redondas. Me refiero a redondas-redondas, como las que llevaba John Lennon, y no redondeadas.


Mis primeras gafas de sol me las regaló mi padre cuando tenía trece años y eran de montura de pasta, completamente circulares, de color marrón claro con cristales en marrón oscuro. Me encantaban. Y debe ser que no cambiamos tanto, porque he mantenido gustos en esto y en muchas más cosas. Encontrarlas en ópticas no es fácil- aunque es sólo para probármelas, que lo disfruto como una niña- pero dando una vuelta por la red, me he tropezado con unas cuantas muy bonitas en diferentes tamaños y originales monturas. Mis preferidas son éstas, éstas, y absolutamente éstas y éstas.

Nada más. Sólo por diversión.





Photo credits: John Lennon+ mujer con gorro negro fuente desconocida, via Pinterest/ Jonhy Deep y el resto de protagonistas de Charlie y la fábrica de chocolateMujeres en gafas de solMujer que mira hacia arriba/ Campaña Tom Ford SunglassesGatito.
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