17 de junio de 2013

Mis padres fueron geniales


Hace poco supe que el fantástico blog My Parents Were Awesome (Mis padres fueron geniales) se ha convertido en un libro. ¿Lo conocéis? Muestra fotos que la gente envía de sus propios padres en los viejos- y geniales- tiempos.  "Antes de las riñoneras y las furgonetas, también fueron personas" enuncia la portada del libro. ¡Qué crueles! Sobre todo pensando que, dentro de no tantos años, Teo podrá decir lo mismo de nosotros! Nota aclaratoria y de apoyo moral: mis padres ni llevan riñonera ni conducen furgonetas. Al menos, aún no. 





Lo que me cautiva es que estas imágenes parecen fotogramas extraídos de películas antiguas. O que todos ellos fueran famosos artistas de alguna u otra época. Escenas espontáneas, románticas protagonizadas por personas bellas, naturales y llenas de vida. ¿Qué diferencia hay entre ésta, ésta o esta foto de grandes personajes de todos los tiempos y las que muestran en My Parents Were Awesome? La vida real, aunque no solemos darnos cuenta, al parecer siempre es más fascinante que cualquier película.



El libro del blog se puede pedir aquíaquí. En su facebook, encontrar aún más fotos. Oh, y a través de tumblr, enviar las nuestras para que salgan publicadas!


14 de junio de 2013

Dosis de summer

Dosis de summer es una sección temporal que decidí empezar porque dicen que este año vamos a disfrutar de poco verano, que será una temporada estival atípica y que calor, calor, no hará mucho.

Se me ocurrió que para atrapar el verano entre mis sentidos, aunque se haga de rogar, buscaría una imagen especial cada semana o dos, una que evoque los mejores de mi vida, que me haga recordar y experimentar la delicadeza y el entusiasmo que sólo el calor, el agua salada, los días largos y las noches cortas de verano saben transmitir. Y compartirla aquí para quien quiera sumarse a este instante de placer transparente.



Feliz fin de semana espero que sin sayo, que ya pasó el 40 de mayo. Hasta el lunes!

(Foto via A Gentlewoman)

13 de junio de 2013

Chucheguitarras caseras



Problema: Teo adora las chuches y desde que probó la primera, no hace tanto, sueña con ellas a diario. 

Pero al pobre le ha tocado una madre vegetariana, yoguini, todo lo eco-consumidora posible y antiquímica (salvo en caso extremo) a la que no le hace mucha gracia que su retoño coma veteasaberquéllevanesasbolitas variadas de colores brillantes con cierta frecuencia- abuelos y nuevos amiguitos mediante-.

Solución: ponerme el delantal y hacerle chuches caseras. No me tuve que estrujar mucho el cerebro, como se puede apreciar.

No se porqué, pero supuse que incluso ayudándome en el proceso de elaboración- y encantado de hacerlo- él sabría que aquel invento de mami nunca sabría tan delicioso como las pequeñas bolas químicas adictivas que vende el amable señor del kiosco de la esquina. Así que, para darle un golpe de efecto, se me ocurrió hacer unas chuches gigantes en forma de guitarra, el instrumento preferido de Teo. (Nota: entre los dos, damos unos conciertos de air guitar dignos de ovación!).

Estas son las primeras y me apeteció compartirlas porque bueno, al margen del nivel de amor particular que le tenga cada uno a lo hecho a mano y más naturalmente posible, son súper fáciles de hacer, convierten en superguay la tarde que empleas en cocinarlas con los peques y están riquísimas. De hecho, Juan es quien más trozos ha comido finalmente. No puede parar!



Material necesario:

. Moldes de silicona. Las cubiteras de hielo de Ikea, esas de goma de colores para hielos en forma de corazón, estrella o pececitos, son perfectas. Si no tenéis, ni tampoco otros moldes, también se puede verter la mezcla en una bandeja y luego cortarlas del tamaño y forma que se quiera. Yo lo hice, con lo que sobró tras rellenar las guitarras.

Ingredientes:

. 1 sobre de gelatina de sabor 
. 2 sobres de gelatina neutra en polvo (yo no encontré en polvo, utilicé en láminas y todo salió bien)
. 200 ml de agua, zumo natural de fruta o leche (yo utilicé zumo de limón ecológico exprimido por las manitas de Teo)
. 300 gr de azúcar
. Un poco más de azúcar para el acabado final
. Aceite de girasol para engrasar los moldes

Instrucciones:

1º Mezclar los ingredientes en un cazo a fuego suave, procurando que no hierva removiendo continuamente, durante aproximadamente diez minutos.

2º Engrasar los moldes con el aceite, con un pincel o con las manos bien limpias, poniendo especial atención a cada recoveco porque si este paso no se hace bien, será imposible desmoldar las chuches una vez frías. También se puede utilizar spray desmoldante aunque, honestamente, se que existe pero nunca lo he usado. El aceite vegetal va de fábula.

3º Verter la mezcla en los moldes con cuidado y dejar reposar a temperatura ambiente durante 12 horas.

4º Desmoldar las chuches y pasarlas por el azúcar (si se quiere; yo sólo pasé una de las guitarras y la mitad de los cuadraditos de la mezcla sobrante. La otra mitad la espolvoreé con la misma medida de azúcar que de sal, y quedaron muy curiosas).



Palabras de Teo: ¿Chuchésss for Tao? Mamaaa, ¿mami?, guitar!!! MMMMMMMMMmmmmmm!


P.D: Éste fue el primer intento. Ahora trato de mejorar la receta hacia más sana utilizando azúcar moreno sin refinar, que es el que consumimos en casa (sí, ese que parece arena de obra en vez de azúcar). Y voy a probar a hacerlas con leche de soja un día, también con zumo de sandía o melón (mmmmm) y se me ocurre... chuches para mayores, en plan sabores exóticos como aguacate y lima más alguna gotita de licor. Seguiré informando de los progresos que alcance.

P.P.D: Para los papis y mamis que no encuentren manera de que los menudos de la casa coman verde, algunas de mis recetas secretas para que los peques coman verduras más felices que si comieran alitas de pollo fritas.


12 de junio de 2013

Las formas (sin reglas) del compromiso

Un par de minutos después de apuntarme al evento organizado por Madresfera y la revista Yo Dona, llamé a mi buena amiga Ana para contárselo. Ella sigue viviendo en Barcelona y, aunque confieso que no suelo echar de menos nada ni a nadie- no es porque sea una persona terrible, simplemente me adapto con facilidad a los cambios- sí añoro de vez en cuando nuestras charlas sobre lo relevante e irrelevante de la vida de una treintañera. Horas divagando por territorio comanche y descubriendo, también, cómo ser mejor persona y cómo conocerme mejor. Ella me ayuda a conseguirlo, sí.


Es tan buena amiga que se apuntó a pasar un día completo en un auditorio lleno hasta los bordes por 300 madres blogueras, cuando ella ni es madre ni es bloguera. Cualquier cosa por vernos y pasar unas horas juntas. El domingo, tras descansar nuestros cerebros derretidos de absorber tanta información valiosa, tocaba el turno de divagar. Y así lo hicimos, juntándonos además con la prima de mi madre, que vive en Madrid y cuyos consejos son puro oro.

Hablando con ellas, me di cuenta de algo sobre lo que he escrito ya algunas veces aquí en el blog. Para mi no hay nada como oír a otros hablar de su percepción del amor, para entender mejor la mía propia y comprender aún más a mi pareja, incluso, aprender a compartir emociones que desconocía. Oyéndolas  adiviné que en una relación amorosa, el compromiso puede presentarse de muchas maneras diferentes. Para algunos, el compromiso viene en forma de boda a lo grande; para otros, en forma de boda tímida (o íntima, como las suelen llamar); para otros, un post-it donde se prometen cómo va a ser su unión hasta el final (¿no visteis ese episodio de Grey's Anatomy?); otros lo sellan con un anillo y sin papeles; otros con un hijo; otros sin decir nada y sobrentendiendo lo que ocurre entre ambos día a día.

"Quiero vivir momentos que recordar", dijo Ana. 

Se me ocurre que somos unos cuantos (porque no creo que esté reservado sólo a unas cuantas, en femenino) para los que el compromiso es la pasión. Quiero decir, el pacto de que la pasión no desaparezca es el verdadero contrato de amor. Que a lo largo de nuestros días sucedan "momentos que recordar" con cierta frecuencia se me antoja una vida maravillosa. Y no me refiero a grandes cosas: Sí podía ser un viaje corto, pasando la noche fuera sin previo aviso, o un anillo sin boda... Pero también esos instantes tan sencillos, como que tu chico recuerde traerte un vaso de agua cada noche a la mesilla; o tu mujer haga café por las mañanas aunque ella no tome café; una tira de foto-matón junto a nuestro bebé colgando del espejo; parar el coche junto a su oficina y perder diez minutos de tu corto tiempo para trabajar en acudir a darle un beso rápido; cogerle infraganti mientras te mira sin poder apartar la vista de ti...


El domingo, Juan y yo nos cruzábamos volando. A la misma hora yo volvía de Madrid y él viajaba a Barcelona. Estaremos sin vernos hasta este próximo sábado por la noche. Él viaja con mucha frecuencia por lo que estamos más que acostumbrados a estas separaciones de dos, cinco o diez días seguidos. Al bajar del avión de vuelta, caminaba por el pasillo del aeropuerto arrastrando mi maleta en dirección a la salida, cuando oí la voz de Juan llamándome. Extrañada, miré hacia todos los lados posibles y, de repente, ahí estaba, un piso más arriba, asomado desde un muro mirándome entusiasmado. Su vuelo se había retrasado media hora y mientras, los pasajeros iban ya embarcando sucesivamente en el avión que lo llevaría a Barcelona, él estiraba el tiempo, rogando que mi avión llegara antes de que el suyo despegara para poder vernos aunque fuera un minuto.  Incluso ahora, tecleando estas líneas, aún me conmueve recordar sus ojos brillantes y su cara llena de emoción y ternura por haberlo conseguido. No puedo describir lo romántico que fue, ahora imaginando cómo se nos veía desde fuera, él tres metros más arriba y yo abajo, parados entre la multitud, con sonrisas que se salían del contorno de nuestros rostros, felices por haber tenido tanta suerte y diciéndonos lo más bonito que se nos ocurría en ese momento. Sesenta segundos después, salió corriendo hacia la puerta de embarque para entrar el último.

Para mi, instantes como esos son los que dan forma a un compromiso.

Tras el fin de semana, llegué a casa con el alma aireada. Y, gracias a un minuto robado in extremis, con el corazón lleno de amor.

11 de junio de 2013

Crónica de un evento anunciado, muy a mi estilo.

Muy a mi estilo :| para el I Encuentro de Madres Blogueras en Madrid, improvisé casi todo. A pesar de que Juan me regañó por no haberme comprado algún modelito para la ocasión, me marché encantada con mis dos camisetas requetelisas, vaquero, sandalias y unos tacones; por si aca (por si acaso me animaba tanto, tanto, tanto durante el día como para escalar hasta ellos por la noche, cosa que muy rara vez hago).

Como había pasado por la gastroenteritis que tan cariñosamente Teo me pegó dejándome en un hoyo y finalmente ingresada en el hospital deshidratadita, no me dio tiempo a diseñar unas tarjetas decentes para intercambiar como era debido con el resto de bloggers, porque lo crean o no quiénes lean sobre madres reuniéndose para estas cosas, éste era un evento serio y profesional (además de la excusa perfecta para vernos- y no tanto leernos- las caras). Así que bueno, muy a mi estilo :s improvisé estas tarjetas allí mismo- mientras escuchaba a una interesante ponente- con el papel craft reciclado de mi libreta y un boli que regalaron al llegar. 

Y, muy a mi estilo :) también, de vuelta en el avión, dibujé en mi libreta el resumen-resumido de un fin de semana en Madrid con 300 bloggers. Perdonad, pero esta vez ni papel bueno, ni rotu bueno, ni escáner, ni photoshop, ni nada: foto + app de móvil, que para eso están. Si algo me ha quedado claro tras tantas conferencias, es que las nuevas tecnologías son para usarlas. Eso, y que no entiendo porqué en Madrid hace más frío en Junio que en Noviembre.

- Nena, hace más frío que en Noviembre. -Ya te digo, voy a  tener que ir en pijama al evento; el vestido de tirantes, no lo veo.

El año que viene, más, ¡espero! Gracias a Madresfera y a Yo Dona, porque de verdad que todavía estoy deslumbrada ante tantísimo contenido que daba perfectamente para llenar dos días (a un ritmo más tranquilo) y porque eso, más todos los breaks (coffee, lunch, tea) lo hayáis reunido en una entrada tan, tan económica. Decir gracias ante tanto esfuerzo es decir poco.


P.D: fotos a mi estilo del evento y del finde en Instagram.
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