Aquí
donde vivo, cada Septiembre las mareas se vuelven bravas, llenas y espumosas. Las olas son tan altas que a veces atraviesan toda la superficie de
las piscinas naturales y llegan hasta los muros donde los bañistas nos solemos recostar en busca de rayos del sol. Es impresionante, un espectáculo que merece la pena ser visto.
Por las mañanas, tras dejar a
Teo en la guardería, en mi paseo de vuelta me gusta pasar junto a las piscinas naturales y mojarme los pies unos minutos, caminar por el borde, oler el mar. Hoy, que fuimos Juan y yo a acompañarlo, a la vuelta nos acercamos al faro porque las olas rompían salvajes y su fuerza nos atrajo hasta el bordillo, donde el faro deja de ser faro y el mar toma su territorio.
Sí, me mojé.
Grabé unos cuantos vídeos. Precioso. Qué regalos nos hace la naturaleza!
Que tengáis un gran fin de semana. Hasta el lunes.