En mi último post para Magacín, un párrafo del libro La vida ante sí de Romain Gary, una pareja mayor que se abraza y besa cuando creen que nadie los mira y la visita a mis tío-abuelos tras años sin verlos me hace reflexionar sobre lo importante que puede llegar a ser el sentirse amado, mucho más allá de lo que había contemplado hasta ahora.
(...) Estábamos en el mismo hotel pasando unas noches, desconectando de los ritmos habituales, bajando la intensidad. Me pregunté si ellos harían lo mismo, si tal vez no pretendían bajar la intensidad sino subirla, si serían días de miel -¿una quinta luna quizás?- o si, por el contrario, sería la primera.
(...)
Hace poco días, volví a ver a los tíos de mi madre. Cabellos blancos de casi noventa años; un matrimonio de más de cincuenta; los había visto por última vez hacía cinco, en la boda de mi hermano. Ahora, encontré al mismo tío-abuelo y a una tía-abuela distinta. En realidad a otra, pues ella casi no estaba allí ya. La misma cara dulce, la misma mirada pícara, a ratos los mismos chistes, pero casi todo el tiempo ausente, en un cosmos que su cabeza parece haber construido para refugiarla de lo que no quiere ver ya y pasar tranquila este período de vida que se han empeñado en alargarnos más de la cuenta. (...)
Si os apetece leerlo completo, podéis hacerlo aquí. Y otros de los posts que he escrito en mi columna From East to West, aquí. Muchísimas gracias por seguir mis andaduras tecleadas para las otras costas. Espero que disfrutéis leyendo como y escribiendo.
(Imagen via Smash Materials)
(Imagen via Smash Materials)